Antes de hablar, escribir o razonar, los niños se expresan con su cuerpo.
El cuerpo es su primera herramienta de comunicación, exploración y aprendizaje.
Cada giro, cada arrastre, cada salto, cada equilibrio conseguido y cada caída controlada envían un mensaje directo al cerebro que dice:
“Estoy madurando, estoy aprendiendo, estoy avanzando.”
El cuerpo habla antes que las palabras
En los primeros años de vida, el sistema nervioso se organiza a través de la experiencia corporal.
El bebé y el niño pequeño no aprenden sentados ni quietos. Aprenden:
Moviéndose libremente
Explorando el espacio
Probando y repitiendo movimientos
Ajustando su cuerpo para superar retos
Antes de poder pensar de forma abstracta, el niño necesita sentir su cuerpo en relación con el entorno.
El movimiento no es solo juego
Aunque desde fuera pueda parecer solo juego, el movimiento es mucho más que eso.
Cada experiencia motora contribuye a:
La maduración del sistema nervioso
La integración de reflejos primitivos
La organización del tono muscular
La construcción del esquema corporal
El desarrollo del equilibrio y la coordinación
El movimiento es neurodesarrollo en acción.
La base de todos los aprendizajes
Las habilidades que solemos asociar al aprendizaje académico no aparecen de forma aislada. Se sostienen sobre una base corporal sólida.
El movimiento es la base de:
La atención y la concentración
La autorregulación emocional
El lenguaje y la comunicación
La lectoescritura
El razonamiento lógico
La planificación y la memoria
Cuando esta base no está bien organizada, el aprendizaje se vuelve más costoso.
Primero cuerpo, luego cabeza
En Movimentes repetimos una frase que resume nuestra mirada:
Primero cuerpo, luego cabeza.
Primero sentir, luego aprender.
No se trata de acelerar procesos, sino de respetar el orden natural del desarrollo.
El cerebro necesita experiencias sensoriomotoras ricas y variadas para poder sostener aprendizajes más complejos en etapas posteriores.
Moverse para construir desde dentro
Cuando ofrecemos a los niños oportunidades reales de:
Moverse libremente
Explorar sin miedo
Trepar, rodar, empujar, saltar
Experimentar con su propio cuerpo
Estamos construyendo desde dentro la estructura neurológica que sostendrá su aprendizaje futuro.
No se trata de hacer más, sino de permitir más.
El papel del adulto: acompañar, no dirigir
Acompañar el movimiento no significa dirigirlo.
Significa:
Crear entornos seguros
Ofrecer tiempo sin prisas
Observar sin intervenir constantemente
Confiar en las capacidades del niño
El desarrollo no se fuerza, se acompaña.
Demos al cuerpo el lugar que merece
Durante demasiado tiempo, el cuerpo ha quedado en un segundo plano dentro de la educación infantil.
Es momento de recordar que:
El cuerpo es el primer organizador del cerebro
El movimiento es una necesidad biológica
El aprendizaje comienza en el cuerpo
Dale al cuerpo el lugar que merece en la educación.
Dale al movimiento el protagonismo que necesita.
En Movimentes creemos que cuando respetamos el movimiento, estamos respetando la infancia.